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Antologismo presidencial

Un deporte nacional menos popular pero más interesante, variado y abierto que el tapadismo podría llamarse "antologismo" presidencial: ¿quién es el mejor Presidente de los últimos años, de las últimas décadas, de los últimos siglos? Hay casi tantas respuestas como presidentes. Los nacionalistas dirán que Carranza, los reformistas que Calles, para los liberales sería Juárez, para los agraristas Cárdenas, los represores pensarían que Díaz Ordaz.

Hay muchas otras opciones: López Portillo, por ejemplo, escogería a López Portillo. Los demócratas elegimos a Madero, pero no podemos dejar de reconocer lo que el propio Madero admitió en la sucesión presidencial de 1910: Porfirio Díaz fue un gran gobernante que consolidó al País como una nación respetada entre las naciones; su pecado mayor fue encariñarse demasiado con la silla presidencial. ¿Qué lugar ocupará en el elenco Carlos Salinas de Gortari? Transcurrida cinco sextas partes de su sexenio es prematuro aventurar un juico.

Los sexenios mexicanos sobre todo desde Díaz Ordaz son como el beisbol: no terminan hasta que cae el último out (en éste caso, hasta que la trasmisión de la banda tricolor pone out al Mandatario). Con todo, cabe anticipar una pequeña profecía: si la tendencia de los cinco años pasados continúa, Salinas aparecerá entre los primeros de la tabla.

Ha sido un reformador económico de las proporciones de Calles. Si su programa permanece y se consolida, podrá alcanzar en éste rubro a Porfirio Díaz. Los cambios estructurales que se han introducido en este sexenio son la dura medicina que requería un enfermo terminal de populismo económico. La crítica demagógica hay otras, respetables ha querido desacreditar la reforma atribuyéndole las iniquidades que padecemos.

Lo cierto es que quienes satanizan al "neoliberalismo" tratan de confundir la medicina con la enfermedad. El programa de estos críticos ya estuvo en el poder entre 1970 y 1982 y fue lo que nos condujo el desastre. Son analfabetas económicos. Si los votantes deciden reponer éste proyecto en 1994, con nuestro pan nos lo comeremos: perderemos años financiando a los críticos para que aprendan finanzas. Si Calles no hubiera desatado la Cristiada tendría, para muchos, el primer sitio indiscutido. Si Díaz se hubiese retirado del poder en 1900 tendría tantas calles y estatuas como Juárez.

"Un viejo de setenta años no es lo que necesita una nación joven y briosa como la mexicana", dijo el viejo triunfo a sabiendas de que quería montarse en ella hasta la muerte. La historia se lo cobró muy caro, tan caro que aún no regresa de su exilio. Una sencilla moraleja parece desprenderse de la trayectoria de estos dos grandes reformadores de la economía: su Talón de Aquiles fue político. Cuando creían asegurado un lugar prominente en la historia, un mal manejo de la política frustró en la última entrada sus sueños.

No creo que el desempeño económico de Salinas de Gortari se ponga en entredicho aún en el caso de que el Senado norteamericano rechazara el TLC. Creo que el riesgo histórico de Salinas, como el de sus ilustres antecesores, es político. Cada día a partir de hoy de ayer, debe inaugurar una nueva práctica política. La primera campaña realmente competida en la historia mexicana desde la de 1940 debe estar a la altura de los tiempos: ser clara, abierta, tolerante como ninguna otra, debe incluir amplios debates en los medios de comunicación, y debe culminar en una jornada electoral en la que el sistema no se caiga: se levante hasta convencernos a todos. El Presidente que llegue tras una campaña así tendrá la más firme legitimidad de las últimas décadas: ya no la anacrónica legitimidad extraída del cadáver de la Revolución, sino la moderna legitimidad que proviene de los votos. A partir de allí, el 2 de diciembre de 1994 podrá poner manos a la obra de desmontar el edificio corporativo creado por Cárdenas en los años treinta.

Si Salinas de Gortari propicia con el mismo denuedo de su reforma económica un sexto año de pulcritud electoral y madurez política, entrará a la antología presidencial con cartas fuertes: ser el único Presidente de México que ha logrado reformar a un tiempo la economía y la política. En otras circunstancias internas y externas, el Presidente hubiese podido optar por entrar a la historia como el reformador de la economía y dejar que el sucesor reforme la política. Pero en 1994 esta opción fragmentaria ya no es posible: o Salinas encabeza el elenco o corre el riesgo de un cierre fatídico. Se aceptan apuestas.

El Norte

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