Personas e Ideas portal de Enrique Krauze

Switch to desktop

                      Facebook social   twitter social   youtube social

Viaje a Caracas

Colas en Caracas

Llego a Caracas la mañana del 4 de diciembre. La chica de la aduana revisa mi pasaporte. A mi pregunta explícita responde sonriente, con el índice en los labios: “Shhh, estoy feliz.” Me ofrece bolívares a una tasa que mejora en dos tantos la oficial. “Quiero irme de viaje, usted comprende.” Comprendo y me dejo engañar, aunque no al grado en que me imaginaba: el cambio, según me descubre el taxista, está al triple. La travesía hasta el hotel es lentísima debido al tráfico. Los caraqueños parecen haberse acostumbrado a “las colas”. Debido, entre otros factores, al subsidio de la gasolina (en Venezuela un galón de gasolina cuesta siete centavos de dólar; una botella de Coca-Cola cuesta lo mismo que llenar un tanque) la importación de autos ha crecido de modo casi exponencial: en 2007, los venezolanos compraron cerca de 500,000 autos, en comparación con los 98,000 de 2002. El desfile de Hummers y otras SUVs parece excesivo hasta para alguien proveniente de la infernal ciudad de México, pero entre ambas capitales (similares también por sus índices de delincuencia y su crispación política) hay al menos una diferencia. A pesar de sus casitas encaramadas precariamente en los cerros, del asfalto de túneles y carreteras, de sus anuncios comerciales y su propaganda política, en Caracas la naturaleza sigue viva. Como su emblema, el Monte Ávila, es una ciudad milagrosamente verde.

[Fragmento]

Lee el texto completo aquí

Letras Libres, núm. 119

Todos los derechos reservados © Enrique Krauze 2017

Top Desktop version