Una vieja y noble tradición latinoamericana revivió en México por un par de años con la presencia de José Guilherme Merquior: la de los hombres de letras como embajadores.
Aunque la Iglesia mexicana integra a toda la comunidad de fieles y cualquier generalización sobre ella es siempre aventurada, cabe afirmar que durante el siglo XIX se negó a leer el sentido de los tiempos.
"Las cosas perseveran en su ser'', decía Spinoza. También las maneras de pensar, pensar mal o no pensar. Uno de los métodos intelectuales que por lo visto "persevera en su ser'' es la falsificación de la historia.
No es exagerado afirmar que la Constitución de 1917 selló el destino del país en el Siglo XX. La caja de Pandora se abrió en ese año en cinco vetas profundas de la vida mexicana.
La realidad ha desmentido a las ideologías, pero no a las teorías. El marxismo, la ideología social por excelencia, con su gran pretensión científica, con su soberbia histórica y moral, se ha derrumbado frente a nuestros ojos.
En una entrevista que me hizo la revista Proceso a principio de este sexenio aventuré la opinión de que mi generación, la llamada generación del '68 iba a transformar radicalmente a este país.
Aunque la palabra "Izquierda" se sigue usando en México como si viviéramos en tiempos de los Beatles, la identidad que el término denota, ya sea como sustantivo o como adjetivo, atraviesa por una profunda crisis.
Aunque quizá no se ha escrito la última palabra acerca de la querella en San Luis Potosí, es hora de sacar conclusiones preliminares sobre las elecciones de mitad de sexenio y el estado actual de nuestro (largo) tránsito a la democracia.
Lo justo hubiese sido que la decisión proviniera de la justicia, no del poder; que el tribunal electoral del Estado libre y soberano de Guanajuato hubiese anulado la elección en vista de las irregularidades.