“La guerra -escribió el célebre historiador árabe Ibn Jaldún- es un hecho natural: no ha cesado jamás desde que Dios creó a los hombres, no hay raza ni pueblo a salvo de ella".
En algún sitio de su obra monumental, Menéndez Pelayo describe un concurso de palo encebado o cucaña entre representantes de diversas naciones europeas.
Yehuda Amijái, el mayor poeta israelí de nuestros tiempo, del que la Editorial Vuelta acaba de publicar un volumen de poemas escogidos, vive en un hermoso barrio de las afueras de la ciudad vieja de Jerusalem.
Hace medio siglo, en los momentos más oscuros e inciertos de la segunda guerra mundial, Marc Bloc notó que entre las épocas históricas deberían establecerse lazos de mutua inteligibilidad.
Es casi la medianoche del 26 de noviembre. Frente a la plaza de Wenceslao, al pie del Museo Nacional que con iluminación parece una obra de orfebrería, una brigada de estudiantes detiene nuestro auto.
Creía en el martirio, por eso fue tan dolorosa su absurda muerte. Recuerdo su entusiasmo por el proceso de democratización en Filipinas y su mención explícita al sacrificio de Benigno Aquino.
Hace algunos años, Jean Meyer me relató una memorable conversación con Fidel Velázquez. El viejo líder había leído La Cristiada y quería sondear en Meyer a un posible biógrafo o a un cronista de la CTM.