En México muchas reformas han provocado revoluciones. Las que ha propuesto Peña Nieto no desatarán, previsiblemente, una revolución violenta, pero la reacción contra varias de ellas ha sido intensa.
En México muchas reformas han provocado revoluciones. Las que ha propuesto el presidente Enrique Peña Nieto desde su toma de posesión en diciembre de 2012 no desatarán, previsiblemente, una revolución violenta, pero la reacción contra varias de ellas ha sido intensa y promete serlo mucho más.
Reform movements have triggered many revolutions in Mexico. Those put forward by President Enrique Peña Nieto since his inauguration in December 2012 are not likely to set off a violent uprising, but the negative reaction to some of his proposals is intense — and promises to become much stronger.
Nunca pagaré mi deuda con Guillermo Tovar de Teresa. En los estantes de mi biblioteca hay unos cuantos retratos de mis héroes políticos (Madero y el primer Vasconcelos) e intelectuales (Cosío Villegas, José Fernando Ramírez, Luis González y González).
En casi todos los países, el acceso a los recursos petroleros y su explotación son temas esencialmente económicos. No en México: aquí el asunto pertenece a una teología secular.
Few in the United States recognize that the Mexican-American War (1846–48) was Washington’s first major imperialist venture. Fewer still would understand why future U.S. President Ulysses S. Grant would come to see it as the country’s most “wicked war.”
In almost every country, the availability and exploitation of oil are essentially economic issues -every country, that is, except Mexico, where it is a matter of secular theology.
Hace unos días, en el venerable e intimidante McCosh Hall de la Universidad de Princeton (famoso porque fue allí donde Einstein impartía sus conferencias) Mario Vargas Llosa y yo sostuvimos un diálogo sobre Latinoamérica.