Hojear libremente los 20 tomos de su obra, encontrar de pronto un pasaje conocido, fijar la atención en algunos textos, discursos, piezas parlamentarias, leer, en fin, a Francisco Zarco, ha resultado para mí una experiencia triste.
“Es un personaje extraído de la literatura rusa”. Me ha llevado tiempo confirmar la definición de Julio Scherer que me hizo alguna vez, por teléfono y de pasada, Octavio Paz.
El algún jardín de Taxco, verano de 1967, Isabel, Escalante, Novelo y yo divagamos sobre el lenguaje del mexicano. Novelo abre El laberinto de la soledad.
Biografiar a un autobiógrafo es una operación compleja. Biografiar a un autobiógrafo obsesivo y múltiple —plástico, literario, fotográfico, periodístico— es aún más difícil.
Hay hombres en cuya obra encarna la cultura de un país. Son como mineros del alma nacional. Les es dada la gracia de cavar en las vetas colectivas hasta dar con los estratos más profundos.