La noche de Tlaxcaltongo
Para Fausto Zerón Medina
Martín Luis Guzmán encontró el adjetivo perfecto para calificar el fin de Venustiano Carranza: inelectuble. No era sólo el repudio general a su candidato, Ignacio Bonillas, o la estrella ascendente de Álvaro Obregón y su grupo sonorense. Bien vista, aquella era la última de una serie de derrotas que habían comenzado mucho antes: con el triunfo del programa radical, que no era el suyo, en el Congreso Constituyente de Querétaro. Nuevas generaciones tocaban ruidosamente a la puerta del poder. ¿Cómo detenerlas? ¿Cómo convencerlas de que una vez más, como en 1911, 1913 o 1915, el viejo y autoritario patriarca tenía razón? Imposible.
[Fragmento]
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Vuelta, núm. 111
*Este texto forma parte de Venustiano Carranza. Puente entre siglos, con modificaciones