Enrique Krauze: «La cultura une México y España con vínculos profundos, irreversibles y benignos»
El historiador Enrique Krauze visita España para celebrar los 25 años de la edición española de 'Letras Libres', revista que fundó en México tras la muerte de Octavio Paz. Es un proyecto editorial heredero de 'Vuelta', la mítica revista paciana. Mucho ha cambiado la política en el último cuarto de siglo en España, y también el papel de la cultura. El hemisferio iberoamericano hierve de noticias estos días.
—María Corina Machado acaba de volver a Venezuela, en Brasil Lula ha ganado contra pronóstico, en España estamos en precampaña. ¿Qué mensaje hay que subrayar para quienes creen en la democracia estos días?
—Generalizar es riesgoso. Cualquier demócrata debería estar lleno de esperanza por Venezuela: por el valor heroico de María Corina, que considero de la dimensión de Bolívar, y por un pueblo que ha sufrido 28 años las consecuencias de una elección que en su origen, ojo, fue legítima. La democracia no garantiza el acierto; garantiza la alternancia. Eso se bloqueó en Venezuela, pero ya se está rompiendo. Es tal la luz que irradia lo que está pasando en Venezuela, con todos sus riesgos; es tal el modo en que se ha ido desmoronando desde dentro, desde las entrañas, el famoso socialismo del siglo XXI, que hay que tener esperanza… Y en Brasil, si Lula gana cuatro veces, es lo que dicen las leyes y lo que quiere el pueblo. Lo importante es que pueda tener la alternativa legal efectiva de la alternancia. Hay otros puntos en el mundo que son esperanzadores. Ahí está Hungría. Y Polonia.
—Votaron contra los extremos.
—En América Latina tenemos Chile, Argentina, Perú, Paraguay, países que apenas hace cuarenta y cinco años vivían en dictaduras y han tenido transiciones, elecciones y un orden democrático. Yo veo el mapa democrático del mundo con menos preocupación. No soy pesimista, pero cómo negar que hay zonas preocupantes. México es una de ellas. España también.
—¿Por qué España?
—Su Transición abrió una etapa de concordia, esa bella palabra sobre la que escribió Luis Vives: no tener las mismas ideas, pero no matarnos por defenderlas. Ese pacto esencial se ha erosionado seriamente en los últimos veinte años, cuando menos. Confío en que los comicios del 29 de noviembre arrojen resultados claros. Me gustaría que hubiera alternancia, porque es lo sano, y que el derrotado acepte la derrota. La democracia nunca vence de manera definitiva, porque las nuevas generaciones no tienen memoria. Hay que defenderla día a día. El mapa cuando nació 'Letras Libres' era mucho más promisorio: no imaginábamos la irrupción violenta del mundo islámico ni la revolución tecnológica.
—'Letras Libres' es un invento, pero también una tradición: viene de 'Vuelta'. ¿Cómo nace?
—Habíamos nacido en México a principios de 1999, pero desde los tiempos de 'Vuelta' teníamos la ilusión de una edición española. Eran tiempos del fax y de los negativos que había que mandar por avión, dificultades entonces insalvables. Paz murió en 1998 y no tuve ninguna duda de que había que continuar su legado con otro nombre, porque 'Vuelta' debía terminar su ciclo con él como director. Siempre soñamos con poner una pica en Flandes, con conectar las dos orillas. El primer número español fue de septiembre de 2001 y, paradójica o proféticamente, la portada era un cubo de Rubik con el titular «Fanatismos de la identidad». Once días después ocurrió el ataque a las Torres Gemelas. Parece mentira: veinticinco años, doce números por año, cumpliendo cada mes.
—La relación entre las dos orillas está impugnada por algunas ideologías, con lemas como «nada que celebrar». ¿Qué sentido le ve hoy?
—Los vínculos entre España y México son profundos, irreversibles y, en general, benignos. Nos une sobre todo la cultura, esa matriz de valores éticos, estéticos, religiosos e intelectuales forjada a lo largo de los siglos por mexicanos y españoles. Esa es la raíz, el tronco. Arriba, las ramas crujen y a veces se rompen: son las frondas de la ideología y la política. La política separa; la cultura nos vincula. Así lo creyó Paz y, de manera más decisiva, mi maestro Daniel Cosío Villegas, fundador del Fondo de Cultura Económica, el hombre que en 1938 tuvo la idea de llevar a México a los intelectuales y científicos españoles. Y está el vínculo económico: generaciones de empresarios españoles vinieron a hacer la América en México, y hoy sus nietos construyen la economía mexicana.
—¿Y la política?
—La política es por esencia cambiante, fugaz. Hubo separación durante el franquismo y luego un reencuentro feliz, cuando la Transición española se volvió el ejemplo para América Latina. Hubo contribuciones importantes del PSOE y del PP. Pero en estos últimos lustros la relación se ha enfriado en las dos orillas: por un desinterés terrible de España, que ha vuelto la espalda a América, un gran error estratégico e histórico; y por parte de México, que trata de revivir querellas ideológicas del siglo XIX.
—Como la exigencia de disculpas por la Conquista.
—Un absurdo completo. Si van a exigir disculpas a un país, que empiecen por Estados Unidos, que se engulló más de la mitad del territorio mexicano no hace 500 años, sino 180. La historia tiene pasajes de barbarie y pasajes luminosos; dejemos que la investiguen los historiadores. Los políticos solo la utilizan.
—Por eso se defiende la cultura.
—Siempre tenemos en la revista ensayos, poemas, artículos, y esa columna lateral de los libros. Ése es nuestro trabajo: una conversación. Se sientan a la mesa personas que nunca se van a conocer. Una puede estar en Nueva Zelanda, y otra en Argentina, y otra en Miami. Y alrededor de ese texto… Durante 25 años es lo que hemos querido hacer y querremos preservar. Sobre los vientos veleidosos de la política, la tierra firme de la cultura.
Publicado en ABC de España el 2 de noviembre de 2026.