La televisión no tiene poderes públicos, pero tiene al público, y eso es un poder. Por eso, la pregunta de nuestro tiempo es ¿cómo usar ese poder para beneficio de la sociedad?
Es probable que, con su agonía, Hugo Chávez haya logrado la inmortalidad que buscó siempre, esa certeza de veneración eterna reservada a los santos, los mártires, los redentores.
En 1986, cuando dábamos apenas los primeros pasos en la concepción de un México democrático, leí en The New York Review of Books un ensayo que me impresionó.
La gran tradición historiográfica francesa tiene en Jean Meyer un representante cuya obra –a estas alturas– no desmerece frente a la de su maestro Pierre Chaunu o a la de François Chevalier, célebres historiadores que dedicaron sus afanes a Hispanoamérica.