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El saber práctico de Luis Lesur

Hace unos días murió uno de los autores más originales que he conocido. Se llamaba Luis Lesur y practicó con excelencia un género que la pedantería intelectual y académica menosprecia: el género del "how to" o "saber hacer".

Luis publicó más de cien libros en torno a temas como Agricultura y ganadería, Jardinería, Albañilería, Trabajos con madera, Soldadura y herrería, Serigrafía, Trabajos en vidrio, Moldes y vaciado, Trabajos con piedra, Pintura, Confección, Alimentos, Restaurantes y gastronomía, Economía doméstica, etc. En los años ochenta, su serie "Cómo hacer mejor" fue publicada en fascículos por la SEP. Tenía formato de fotonovela a color tamaño carta y su propósito era -según explicaba- ofrecer "tecnología accesible a las familias mexicanas en áreas rurales". Se llegaron a imprimir 130,000 ejemplares semanales que se vendían en puestos de periódicos a un precio de 10 pesos. La colección llegó a 140 números. Posteriormente, la mayoría de sus títulos ha sido editada por Trillas y puede consultarse en www.luislesur.com.

En la Editorial Clío hicimos un proyecto juntos. Se llamaba "Tu propio negocio". Queríamos contribuir a dar salidas de autoempleo a la crisis de diciembre de 1994 e ideamos unos cuadernitos ilustrados que podían llevarse en la bolsa de un pantalón para que la gente (en el metro, en un parque, en casa) aprendiera por sí misma cómo montar una fonda, una florería, una cerrajería, una casa de huéspedes, un salón de belleza. Todos iban acompañados de un manual sobre principios básicos de contabilidad. Años después, Educación Financiera Banamex los recogió bajo el título de "Saber cuenta".

Fernando García Ramírez, editor de esa serie, recuerda cuando visitó a Lesur para armar el proyecto: "Al traspasar el portón -que representaba en madera labrada una parvada de pájaros- se abría un amplio jardín en cuyo centro se alzaba una biblioteca extraordinariamente surtida con libros de cómo hacer cosas. ¿Qué cosas? Todo. Cómo armar motores. Cómo hacer una instalación eléctrica. Cómo hacer embutidos. Cómo fabricar zapatos. Cómo encuadernar libros. Miles de libros para que personas transformaran su mundo inmediato. Me sorprendió también encontrar, en ese jardín, varias casas que en realidad no eran tales sino pequeños talleres dotados de cientos de herramientas de todo tipo: uno dedicado a la plomería, otro a la carpintería, otro a la confección de ropa, otro a la mecánica, otro a la electricidad, uno más con todo lo necesario para preparar comida. Había también laboratorios con alambiques, matraces y frascos. Allí, Luis Lesur y su pequeño equipo experimentaban directamente, fotografiaban y diseñaban los libros de 'cómo hacer'".

Su alquimia incluía su entorno natural. Su casa, resguardada por nobles perros labradores, era una construcción rústica, plantada en medio de árboles centenarios, pequeños estanques y "apantles" cantarines. Luis amaba los árboles como se ama a los abuelos. De hecho, su libro postrero es Árboles de México, un precioso compendio ilustrado sobre las 278 especies que se dan en nuestro país, con su respectiva clasificación científica y distribución geográfica. (Ahí encontré mi favorito: el prodigioso Guayacán/Primavera amarilla, que florea una vez al año y puede admirarse ahora en Cuernavaca.)

Su página web no contiene información biográfica, sólo la lista de sus libros y una foto que lo captura como era: sonriente y gentil. Sus ojos azules denotaban su origen europeo, pero Luis era más mexicano que el chile (del cual, claro, también escribió). Nacido en abril de 1932, vivió al lado de su estricto abuelo, el jurista Toribio Esquivel Obregón. Estudió en la ENAH, fundó la escuela de antropología en la Universidad Iberoamericana y fue uno de los primeros investigadores independientes en antropología social. Con Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky, realizó investigaciones sobre vivienda urbana. Elaboró para la Secretaría de Comunicaciones un libro de parques naturales y otro de caminos y puentes. Tuvo tres hijos: Luis, Shanti e Inari. A fines de los setenta, su inventiva dio un salto cuántico: concibió aquellos manuales de tecnología adecuada para el pueblo mexicano.

Luis era el más amigable de los hombres y un consumado experto en la cocina. Las comilonas bajo el añoso ficus de su jardín eran pantagruélicas y proverbiales: deliciosas para el gusto, y por el gusto de escucharlo discurrir sobre la elaboración -el intrincado cómo- de cada platillo. A mí me tocó alguna vez escuchar su exposición sobre cómo hacer el mejor cordero, y comprobarlo después. Aun en la tragedia fue creativo, como cuando nos invitó al altar de flores que erigió en memoria de su hijo, cuya muerte lo abatió.

Luis Lesur trabajó para la mayoría silenciosa de mexicanos que no piensa en tener (o heredar) un puesto burocrático o sindical, y tampoco espera que le caiga una "chamba" en una gran empresa, sino que sencillamente busca cómo establecer "su propio negocio" y hacer una vida digna y autónoma. La Secretaría de Educación debería republicar esos fascículos "Cómo hacer mejor" de Luis Lesur. Sería la mejor manera de continuar la concepción original de Vasconcelos, para quien la escuela primaria debía superar su carácter "verbalista" y adoptar en cambio una orientación basada "en las ocupaciones manuales, en las pequeñas industrias caseras, en las prácticas agrícolas y en las ocupaciones del hogar".

¿Sorprendente? No del todo. El Ulises criollo, el neoplatónico americano, era un ingeniero de la vida práctica. Habría publicado la obra de Luis Lesur, sabio que tenía el don de cambiar, para bien, la vida de las personas.

Reforma

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