Lo conocí una tarde brumosa en el otoño de 1981, en su estudio del célebre All Souls College de Oxford. Me dijo que disponía de unos 10 ó 15 minutos y hablamos más de dos horas.
Conmueve pensar en el viejo Vasconcelos que a sus cansados setenta y seis años, después de vivir una odisea personal de medio siglo, revisa con paciencia y amor los manuscritos que le han proporcionado los familiares y amigos de don Evaristo. Ha pensado en él no como un patriarca sino como un patricio.