Los malos hábitos tardan en morir. Los hábitos políticos aún más. Es el caso del presidencialismo mexicano, heredero de varias tradiciones prehispánicas y virreinales, pero sobre todo del caudillismo providencialista.
No está en la esencia de una empresa pública el ser ineficiente. Las empresas públicas, como todas las empresas, tienen una misión, un mercado y un desempeño, pero no una esencia.
"Año nuevo, vida nueva", reza el refrán tan frecuentemente repetido como impracticado. Para la vida política mexicana el año de 1999 no sólo invita a la renovación sino que la impone.
La izquierda -política, periodística, académica, intelectual- tiene una infinita capacidad de indignación ante los males de México y una incapacidad no menos infinita de discurrir métodos prácticos para compartirlos.
En México, las relaciones entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo no han sido un ejemplo de prudencia: uno ha sabido vivir contra el otro, vivir sin el otro, pero no con el otro.