La izquierda -política, periodística, académica, intelectual- tiene una infinita capacidad de indignación ante los males de México y una incapacidad no menos infinita de discurrir métodos prácticos para compartirlos.
El indigenismo está a la orden del día. Este hecho, palpable en un sector militante de la prensa, la academia y la oferta editorial, es positivo al menos por dos razones:
Hace unos meses, cuando Octavio Paz iba a ser intervenido quirúrgicamente en el hospital de México, recibí el primer ejemplar de un libro mío dedicado a él.
Lo conocí una tarde brumosa en el otoño de 1981, en su estudio del célebre All Souls College de Oxford. Me dijo que disponía de unos 10 ó 15 minutos y hablamos más de dos horas.
En México, las relaciones entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo no han sido un ejemplo de prudencia: uno ha sabido vivir contra el otro, vivir sin el otro, pero no con el otro.