El envío final de aquella conversación para y por los jóvenes que exploraba mi propia experiencia generacional y la veía en el espejo del presente, fue breve pero quiso ser contundente y claro.
Por muchos años sufrí la tortura de ver mi nombre precedido siempre por la fórmula "el joven historiador''. Hacía décadas que había dejado de ser propiamente joven pero la fórmula seguía allí, inalterable.
La actitud saludable frente al pasado no supone la desaparición de los héroes, sino su apreciación ponderada. Para explicarme, nada mejor que recordar los años heroicos de la Hora Nacional.
Aunque había leído varios libros sobre el "México bronco'', creo que caí en la cuenta de lo peculiar que es la violencia mexicana hace quince años, durante un viaje con Isabel, mi mujer, a Sudamérica.
Nada más lejano de mi ánimo que promover en este espacio actos, libros o empresas propias, pero creo que la inminencia del Segundo Encuentro Vuelta (25, 26 y 27 de agosto) y el asunto que abordará justifican la excepción.
“Los historiadores tenemos el alma vieja”. La frase de Luis González me ha parecido siempre exacta. Quien tuvo una niñez habitada por ancianos avanza por la vida como la mujer de Lot.
Hace unas semanas murió Irving Howe, uno de los grandes críticos y escritores de los Estados Unidos. Su amistad y su obra significaron mucho para Vuelta.
Con ocasión de los debates en la Cámara de Diputados, externé hace unas semanas cuatro puntos de vista. Los temas me parecen torales. No sé qué pensarán los lectores de mis conjeturas, pero las arriesgo con todo gusto.