En el fin del milenio se practicó con exceso la dudosa ciencia de la celebridad, esa pasión por la contabilidad histórica que consiste en hacer simples listas de "los mejores y más brillantes".
La historia, todos lo sabemos, es una caja de sorpresas. Hace apenas 50 años era difícil prever que tres de los principales protagonistas de la Segunda Guerra Mundial -Estados Unidos, Japón y Europa- serían los triunfadores del siglo.
México es buena materia para noticias de primera plana en caso de catástrofes: derrumbes del peso, terremotos naturales o políticos, inundaciones, escándalos de droga y corrupción.
Ha llegado la hora de los balcanes históricos. Cada persona, familia, pueblo o nación hará el suyo. Habrá análisis cuantitativos y cualitativos, temáticos o cronológicos, optimistas o sombríos.
Aunque a nadie le gusta perder, perder es una experiencia tan natural en la vida de las naciones, las sociedades, las empresas, las familias y las personas que quien no aprende a perder tampoco sabe ganar.
En un país como México, cuya experiencia central -histórica y mítica- en el siglo XX fue una revolución social; en un país como México, que sigue siendo -en las palabras de Humboldt- el reino de la desigualdad, la izquierda debería haber accedido al poder público desde hace mucho tiempo.